No Tomemos Asiento

La semana pasada  en el salón de clases se leyó “Universidad”, una columna escrita por Mayra Montero donde narra una serie de sucesos relatados por profesores a la columnista del periódico El Nuevo Día, periódico principal de Puerto Rico. Un intercambio de opiniones acerca de la columna no se hizo esperar una vez que se terminó la lectura, la cual tenía una visión pesimista acerca de los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico. No hubo muchas opiniones a favor de Mayra, pero sí en contra. Como era de esperarse y ya ha estado comprobado a través de la historia, son pocos los que detectan sus propios males. Ya lo hace desde el niño que pinta la pared de su casa o golpea a su hermano y se atreve a decirle a su madre que no fue él, (ya sea esto por inocencia o por que es parte de lo que el humano es)  hasta el más prestigioso y respetable político quien aunque le presenten la evidencia en sus propios ojos niega los hechos; no se debe dudar que el estudiante también juega parte de esta  condición humana la cual sí tiene cura. Pero para no irme tan lejos, mientras escribía esta respuesta a la columna de Mayra Monteros, mis compañeros quienes se suponía que estuviesen haciendo lo que por “deber y compromiso” tenían que al igual que yo, hacer, no lo estaban haciendo. Justamente se estaban comportando como tal nos narraba Mayra Montero en algunas de sus descripciones. “…aquellos manganzones se reían, conversaban entre sí, alzaban la voz…en general se comportaban como alumnos de kinder, con el agravante de que tienen mayor estatura, voces roncas y pelos en la barba” Esto cabe decir que excluía a varios quienes sí estaba muy comprometidos y concentrados, quizás, quien sabe “buscaban la forma de irse a estudiar fuera de aquí.” Esto fue lo que me vino a la mente cuando a mi lado dos compañeros se manoseaban y hacían ruidos que fácilmente se podría escuchar en una película de adultos o para no irnos más lejos, en una habitación de la Residencia Universitaria a las 11:30 PM. Y es que ha mi entender, aunque no todo, muchos jóvenes han perdido, no solo el respeto a los profesores, cuando a espaladas del mismo se burlan y mofan de alguien que podría ser sus padres; a sus compañeros, cuando no respetan a los que sí queremos estudiar y si nos hace difícil con ruidos extraídos de un “soundtrack” del centro de estudiantes; y a ellos mismos cuando no saben que sus comportamientos, vocablos y trucos para sacar “A” no les servirán de nada en su futuro además de crecer sin ética ni moral, o por lo menos una corrupta y corrompida. (Cualquier similitud a eventos públicos del diario vivir, es pura coincidencia)

 

En fin Mayra Monteros, no hizo otra cosa que hacer lo mismo que hizo Antonio S. Pedreira en su libro “Insularismo” uno de los libros más importantes de la historia de Puerto Rico. Ella, sin tener miedo a ningún holandés, se atrevió a no elogiar a los estudiantes ni escribir sobre las cosas positivas, que todos los estudiantes tienen de sobra y sin sombra de duda alguna. Como escribió Pedreira: “El aplauso provoca sana conformidad, rutina y vanagloria; el pesimismo y la duda son fuerzas vitales que mueven a examen de conciencia. La discusión aclara el razonamiento y suele empujar los propósitos de enmienda.”  O como Decía Rodó que: “…Hay pesimismos que tienen la significación de un optimismo paradójico. Muy lejos de suponer la renuncia y la condenación de la existencia, ellos propagan, con su descontento de lo actual la necesidad de renovarla”. Yo estoy de acuerdo con Mayra Monteros y su columna; solo que me iría un poco más pesimista (o debería decir realista). Sé que muchos de ellos, si no cambian, (porque aún tienen tiempo de escribir un salmo de alegría y alabanza y no un libro de Lamentaciones), tendrán dificultades para integrarse al mercado laboral, “donde les van a exigir una conducta y donde no habrá ninguna autoridad universitaria que les saque las castañas del fuego.”

 

Lo único en que difiero de Mayra Monteros es de su última oración. Yo propongo que no “tomemos asientos” si no que nos levantemos y hagamos algo al respecto, levantémonos, démonos cuenta del error, arrepintámonos, no volvamos a pecar y sigamos hacia delante olvidando el pasado; No tomemos asiento

 

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