En la Plaza de Canovanas

Recuerdo que me encontraba sin nada que hacer ese día. Eran, si no mal me acuerdo, aproximadamente las dos y media de la tarde. Yo estaba allí en la plaza de Canóvanas cuando, al sonido preponderante de la campana las puertas del colegio Católico abrieron y una estampida de estudiantes párvulos en blanco y azul corría hacia el templo católico. Del templo podría decirte que era grande, de color blanco y mostaza con una enorme cruz en el tope hecha poco antes de la fundación de Canóvanas como pueblo. Se me olvida un peculiar detallito el cual no se puede dejar pasar: La monja de la entrada. Sí, era una monja católica, sin duda alguna, que siempre estaba parada en la entrada del templo tiesa y vigilante, vestida toda de negro con un rosario en la cintura y una Biblia en mano. Ella parecía tener cierto control dominante sobre los estudiantes ya que con una mirada, una sola profunda y fría mirada logró apaciguar la estampida infantil quienes al verla se callaron y dejaron de correr e hicieron dos filas uniformes, una de niños y otro de niñas.

 

            Mientras los niños hacían su entrada al templo, me distrajo un lujoso auto que pasó frente al notorio edificio religioso y se estacionó frente a la casa alcaldía, un edificio de color menta con verde con unas letras muy grandes que decían “Alcaldía”. Del lujoso auto de color negro y aros brillantes salió el alcalde e hizo su entrada a la alcaldía junto a dos hombres robustos vestidos de negro con gafas negras. Presumí yo que eran sus guardaespaldas y si no, Dios sabrá… se puede esperar cualquier cosa de un político.

 

            Volviendo al tema… como vuelvo y les repito, no tenía nada que hacer, o sea, estaba buscando algo que hacer así que cambié la mirada hacia el centro de la plaza donde había una estatua de un indio Taíno de bronce con una lanza doblada la cual no creo que haya venido así de fábrica, o sea, alguno de esos jóvenes bandoleros lo habrá hecho, como le han hecho a otras cosas de la plaza y que Dios me perdone si los juzgue mal. Al lado de la estatua había un peculiar personaje de pueblo quien andaba descalzo, con la ropa sucia, una bolsa de comida de pájaros y una mejilla mucho mas inflada que la otra. El personaje, a quien le llamaban por el nombre de “Tito Cachete”, le daba de comer a unas palomas que vivían entre los frondosos árboles que había alrededor de la plaza, los cuales daban mucha sombra.

 

            Recuerdo muy bien dos jóvenes quienes supieron aprovechar la sombra y estaban sentados, cogidos de manos, diciéndose cosas bonitas al oído. La joven era morena, con un traje azul y una carterita que hacía juego con su traje. Tenía ojos grandes negros y el pelo recogido, y yo, como buen ciudadano canovanense conocía a todos los habitantes del pueblo y todo lo que pasaba en él, así que sabía que aquel muchacho, que por cierto, tenía ropa deportiva y tenis de marca y estaba con aquella jovencita, no era del pueblo. Sabía que ese muchacho quizás se le vería por última vez ese día y además sin ser adivino sabía por qué. Esa jovencita que estaba sentada bajo la sombra por la cual no se me mueve ni un pelo, no era tan inocente como se le veía. Ella, como prefería que le llamasen, acostumbraba a estar en el mismo lugar todos los días esperando un nuevo cliente. El joven extranjero, quien sabía lo que quería, saca un dineral del bolsillo y se lo ofrece a la jovencita quien amablemente le dice unas palabras al oído y le coge la mano y se la pone en la falda, pero al terminar de hablar la jovencita, el hombre se asombró, se paró y no sé, pensé yo, que no había lo que quería porque salió corriendo del banquito bajo la sombra después que le gritó estas palabras : “Mera, echa pa’ ya’ canto de pato” Yo pensé que se enteraría después.

 

            Pude observar que, además de los niños que estaban corriendo, ese travestido hizo que la monja se moviera de donde estaba, esta vez con cara de desprecio y detesto. El travestido parecía tener alguna habilidad para espantar a la gente ya que la monja no era la única; También fue el hombre de las piraguas que estaba en la otra esquina de la plaza cercana al Terminal de las guaguas quien tenía un carrito que decía se vende piragua con ce en la ese de se vende. Además del piragüero también fue el de boletos de lotería que hay frente al banco al lado de la alcaldía, quien se sienta en una silla verde muy pequeña y tiene boletos en toda la mesa que tiene frente a él, quien siempre viste con la misma camisa de cuadritos color verde. En fin, para no seguir pensando en la expresión que pasó por mi mente  cambié mi vista porque realmente no me gustaba discriminar a nadie por la razón que sea y de cierto le daba y todavía le doy gracias a Dios no solamente por mis ojos claros, mi salud casi perfecta y mi altura favorable a mi buena apariencia sino que le doy gracias por que me dio el don de no ofender a nadie diciendo con mi boca todo lo que pasa por mi mente. 

 

            Cansado por todo lo que había visto en menos de veinticinco minutos cerré los ojos por unos segundos, pensé en que podía contribuir un poco a mi sobrepeso de veinte libras con una de las empanadillas de la tienda que queda al lado del Terminal o que podía irme a la barbería a bajarme la montaña que tenía por pelo o simplemente podía seguir perdiendo el tiempo sentado en un banco de la plaza cogiendo un poco de sol para quemarme más de lo que estaba cuando decidí abrir los ojos y me pasó lo mejor que pudo haberme pasado en la vida. Era una guagua pública que venía de Río Piedras, presumía yo, porque decía Canóvanas a Río Piedras. De la guagua se bajó una mujer o a lo que llamaba yo en mis palabras de juventud una mujeraza o como diría yo en mis palabras de hoy día… una dulce beldad puertorriqueña. Era evidente que sabía que me gustaba y que era una mujer, claro, porque lo que no se me movía cuando vi por primera vez al travestido, aunque no sabía que era hombre porque parecía una mujer completa, ahora se movían hasta los pensamientos poéticos y por eso mas gracias a Dios le doy porque no despertaría la duda que nunca había venido ni habría de venir en mí y se que soy un hombre de verdad, hecho y derecho. Era evidente que había una química presente. Era evidente que sí era una mujer. Era evidente que ya sabía porqué Dios nos hizo hombre y mujer, era por ese momento, por ese momento que nunca se olvidaría de mi vida.

 

            Ella era sin ninguna duda una poesía andante. Desde su caminar hasta el movimiento de su pelo castaño por el viento a quien era el único que podía envidiar ya que tenía en ese momento el privilegio de acariciar esa hermosa cabellera seductora suelta hasta los altos de su fina espalda. Todo le favorecía y sabía que lo único que tenía y no era natural en ella era ese traje al cual yo maldecía por haber sido tanto, pero a la vez bendecía por que le hacía juego con el color de ojos verdes que tenía y con esos zapatitos que la hacían ver un poco más alta. Cuando caminaba parecía una de esas reinas de bellezas, pero era con algo mejor. Tenía un cierto caminar con gracia y naturalidad que no tenían esas bellezas plásticas de los concursos, esa belleza era natural. No tenía nada que envidiar de nadie porque ella lo tenía todo. Todas esas cosas que inspirarían  a cualquier cantante romántico a cantarle esa canción que dice: “Tu tienes todas las cosas que Dios hizo lindas en una mujer” aunque a mí, quien era más cafrecito me hubiesen dado más ganas de cantarle la que dice  “botaron la pelota tu mamá y tu papá de lo linda que te hicieron para mí.”

 

            Con ella se movían las flores la plaza. Por ella los cantos de los más hermosos pájaros aparecieron y no se veía ni una paloma y ni uno de esos odiosos changos. Ella se veía radiante entre las calles adoquinadas y a todo lo que había feo antes en la plaza ella le daba belleza con su presencia. Al parar en la floristería, la cual estaba próxima a la barbería que quedaba al lado de la tienda de empanadillas para contemplar unas flores, aunque lo que no sabía ella era que las flores la contemplaban a ella y envidiaban su fragancia natural de mujer, cuando, inmediatamente aparece el dueño; un hombre ya anciano, de unos ochenta con unos zapatos negros de charol, un pantalón negro y una camisa blanca. El le regaló un par de las más bonitas flores a la joven y se quedó mirándola. Al ver al anciano mirarla tanto me sentí con celos sin saber por qué, pero de más adentro de la floristería salía una anciana con un periódico enrollado en la mano y le dio un cantazo con el mismo en la cabeza después de decirle viejo verde.

 

            Definitivamente en mí pasaba algo a lo que probablemente mi maestro de salud diría que eran las hormonas en la juventud. Menciono al maestro porque lo vi pasando cerca de la perfecta anatomía tropical femenina y estoy seguro que sin ser joven le pasaba lo mismo que a mí, así que a la basura esa teoría de las hormonas juveniles, eso era otra cosa. Sin mentirte hasta vi al cura asomarse por la ventana de su residencia al lado del templo católico, sólo para verla a ella. Era algo hipnotizante, como brujería, quizás. Ella atraía fácilmente a todos lo que fuesen hombres o por lo menos todos lo que se sintieran como hombres porque el travestido la miró de arriba abajo con ojos de envidia, pero apuesto que dentro de esos vestidos de mujer, esa peluca y ese reguero de maquillaje había un hombre hecho por Dios, quien no se equivoca, y con una mujer así se le quita lo de homosexual a cualquiera.

 

            En fin como todo poema tiene un principio también tiene un fin y así fue con ella quien finalmente tomó rumbo al banco que había al lado de la alcaldía donde por cierto también se llevó sus boletitos gratis al hablarle al de la camisa de cuadritos, antes de entrar a la sucursal, por su gran carisma y su actitud sociable. Toda la poesía se iba al ella entrar al banco, y yo, quien desde que la vi era poeta, no podía dejar la inspiración irse tan fácilmente, así que, como no tenía nada que hacer, me dieron ganas de verificar como estaba mi balance bancario.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: