Dame Vida, Dame Color
Frío, quieto, silencioso, solo, pero sobre todo, solo,…bien solo. ¿Cuándo llegarás? ¿Llegarás y me reconocerás? ¿Me verás y te sentarás junto a mí y estudiarás esos libros que tanto odias en el salón de clases pero que disfrutas conmigo aunque yo no sepa matemáticas. Y después, ¿de qué hablaremos? ¿De ciencias o de Marx. De Einstein o Freud? ¿De qué? ¿Traerás hoy contigo la Biblia y me hablarás de cómo Dios es misericordioso y fiel y de todo Su inmenso amor para nosotros? Eso. Eso sí me encanta. ¿Dónde estás? ¿Vienes a visitarme? O me dejarás aquí en este desierto poblado de gente que ni sabe ni les importa mi nombre, y si aún los supieran no valdría la pena; porque mi nombre se escucha mejor cuando tú lo dices.
Llegaste. Y aunque te veo de lejos te siento cerca. Que afortunado yo que estaré contigo; que escogiste compartir conmigo y no con ninguno de estos hombres. ¡Desafortunados!. Tú llena de color. Más brillante que la primavera. Con un caminar sencillo y natural; no como de pasarela, ni de reina de belleza, ni de ninguna otra mujer falsa. No. De ninguna manera.
Tú eres bella y tu belleza es misteriosa y absorbente. Le das color a mi mundo y me deleitas con tus maneras. De reír, de hablar, de leer, de hasta parpadear. Gracias a Dios que te hizo tan bella y diferente a las demás. Y ahora que te sientas y me saludas. ¡Oh! Cuanto esperaba que dijeras mi nombre. Ya lo dijiste. Ya te sentaste. ¿Y qué? No dirás nada más. Me conformo así entonces. Dame vida dame color Dame de ti que tú eres suficiente. Dame de ti que aunque en secreto esto es amor. ¡Qué hermoso es tenerte junto a mí!
Gracias a Daniel y Dina Cordero por posar para la visualizar este cuento.

Me encanta! Bien lindo y lleno.